Acoso textual busca la autenticidad del ser humano y su palabra

Acoso textual busca la autenticidad del ser humano y su palabra

 

Entrevista realizada por María Augusta Correa para su tesis de licenciatura «Acoso textual, invención y fin de un mundo: un signo contemporáneo», en la Universidad de Cuenca, Ecuador.

27 de octubre de 2010

 

¿Cómo ha afectado el desarrollo de la tecnología (además en el ámbito de las telecomunicaciones) a su oficio de escritor y a su concepción de narrativa? ¿Raúl Vallejo ha adquirido nuevos compromisos y nuevos desafíos? ¿Cuáles son?

 

El desarrollo de la tecnología es simplemente el desarrollo de una herramienta. Yo creo que la escritura tiene que ver con otros desafíos que radican en el propio lenguaje. Ciertamente, Acoso textual es una novela que está enmarcada en un tipo de desarrollo tecnológico, como es el Internet y el correo electrónico; pero me parece que la tecnología, como tal, simplemente es una herramienta que contribuye a facilitar los procesos formales, pero no los procesos creativos.

No obstante, yo tengo un blog, donde doy opiniones acerca de cuestiones políticas, de comunicación y literarias, básicamente. Creo que el blog, por ejemplo, requiere de un lenguaje mucho más conciso, particular, cercano a lo que se conoce como micro ensayo. Y en esa medida determina un tipo de escritura, para un lector que está frente a una computadora y que está con muchas cosas al mismo tiempo. No es un lector de libros que tiene más tiempo, más espacio para disfrutar de la lectura, sino que es un lector que está haciendo cosas muy rápidamente. Aunque no siempre siga el consejo de la escritura concisa en mi propio blog, me parece que esa es la manera de relacionarse.

 

Quizás pueda parecer poco relevante, pero Cecilia Ansaldo identifica a Acoso textual como una nouvelle epistolar. ¿Novela o nouvelle, qué escribió Raúl Vallejo?

 

Creo que Acoso textual es una novela epistolar, solamente que en este caso, las epístolas o las cartas son correos electrónicos. Tal vez Cecilia habla de nouvelle por la extensión, no creo que sea una discusión trascedente. La considero una novela corta que en este caso entra en la categoría dentro del nombre de nouvelle.

 

Zuleika Cruz comenta que Raúl Vallejo «reafirma su interés por hacer una ficción de la ciencia». ¿Esto significa que lo tecnológico solo es un pretexto para explorar en la condición del ser en la contemporaneidad, o acaso se trata de un contexto decisivo para la creación de su novela?

 

En realidad, lo tecnológico viene a ser un pretexto. Qué quiero decir con esto: el ser humano, el ser contemporáneo, el ser postmoderno es un ser que está confrontado a diversos desafíos, y lo que he intentado en Acoso textual, es profundizar en esos desafíos. Uno de esos desafíos es que las relaciones que entablan las personas, en un sentido positivo, son relaciones, muchas de ellas, virtuales. Cuando escribí Acoso textual, todavía no se había desarrollado el Facebook, por ejemplo. Creo que éste, es esencialmente una ilusión de la amistad, la noción de “amigos” se corresponde exactamente con la de links, es decir, muchos enlaces. Pero, en definitiva, mantiene los amigos que realmente lo son y que también están en la Red. De ahí que la tecnología sirva de pretexto para indagar en la condición humana, pero al mismo tiempo, oficie de protagonista de un texto, cuya construcción se basa, justamente, en la determinación de las relaciones que esa tecnología realiza, en la medida en que estamos confrontando virtualidades.

 

La literatura es un oficio con la palabra. A mi juicio, el aspecto más relevante en su novela, entre otros, es el del poder sugeridor de la palabra. A través del ejercicio de lectoescritura, se crean personajes, identidades, conciencias, culturas y más referentes. ¿Cómo definiría Usted a ese abordaje suyo de la historia, a través de la palabra que tiene a su cargo una doble función, o una función adicional a la que estamos acostumbrados en los relatos, incluso de tipo epistolar? ¿Cuáles fueron sus motivaciones para promover este uso? ¿Acaso es un mecanismo que se corresponde con los requerimientos tecnológicos? ¿o es algo más? ¿o menos?

 

Creo que la novela plantea, de un lado, que la palabra es fundamental para el ser humano,  y de otro, que la autenticidad de la palabra tiene que rebasar los límites del engaño al que están sujetas las relaciones virtuales. Desde esa perspectiva, la novela es un llamado a que la palabra recupere su valor y que el valor de la palabra esté dado por las relaciones verdaderas y no por las relaciones virtuales de los seres humanos. Es un llamado a que la realidad virtual se convierta en una realidad en donde la palabra tenga su peso específico, en donde la palabra sea capaz de desnudar el alma humana y que las relaciones se vuelvan no máscaras, sino relaciones profundas de subjetividades ciertas.

 

La historia que nos ha contado es una permanente alusión a la incertidumbre (identidades, rostros, espacios y cuerpos). Abdón Ubidia asevera: “De <banano> solo sabemos —y acaso por un descuido del autor— que pertenece al género masculino y que estudia en una universidad norteamericana. No sabemos nada más. Y no hace falta”. ¿Hubo tal descuido? ¿Acierta Ubidia en su lectura, y realmente se halla un varón atrás de <banano>? ¿Qué buscó el autor al construir un personaje tan espectral, tan parecido a una sombra que se pierde con los juegos de luminosidad?

 

<banano> no es un hombre. No está definido como hombre en la novela. <banano> no está definido como mujer. <banano> asume una personalidad de hombre, y asume una personalidad de mujer. Lo que buscaba era una representación andrógina. Es decir, en un mundo virtual, el ser humano se convierte en un ser andrógeno, pero además, el lenguaje mismo es andrógeno. Entonces, una novela que es epistolar y que se basa, sobre todo, en el uso de la palabra, requería, en este caso, de un personaje que virtualmente asuma muchas personalidades. Yo lo reduje a la definición hombre/mujer, pero podía haber sido una perspectiva mucho más compleja, podría haber sido hombre, podría haber sido mujer, transexual y otras variedades más de género que hoy día se pueden definir.

 

Abdón Ubidia y Cecilia Vera han sugerido un aire de posmodernidad en su novela. ¿Es Acoso textual un texto posmoderno? ¿A su parecer, cuáles son las claves que distinguen como tal a su novela?

 

Respeto los criterios de Abdón y de Cecilia. Creo que la posmodernidad que se le atribuye a la novela tiene que ver con el hecho de que los personajes asumen entre sí relaciones virtuales; con el hecho de que tienen una tendencia, algunos de ellos, a cierto cinismo existencial; con el hecho de que carecen de un pensamiento utópico y que creen en muy pocas cosas. No obstante, me parece que el punto central, justamente el drama de <banano>, y por el cual, hacia el final, se desconecta, es que él termina enloquecido con esta posibilidad de relacionas virtuales y quiere regresar a la modernidad, es decir a las relaciones reales.

 

Mantengo cierta cercanía a sus relatos, además porque en ellos he basado mis dos últimos proyectos de tesis. De ahí que presumo su preferencia por los temas que escarban en la condición humana. Sin embargo, no son aquellos a los que nuestros autores, recurren con frecuencia (me refiero a la temática de la homosexualidad, y ahora, a la convivencia –amigable o no– entre el ser y la tecnología). ¿Indagar en la relación ser-tecnología se debe a una búsqueda de lo nuevo; a una sincronía con el contexto; a una crítica con respecto a la invasión de la tecnología en la vida del ser humano, que alerta sobre los efectos alucinatorios que ésta puede promover; o simplemente, a un afán de originalidad, que por lo demás es lícito?

 

Tengo una combinación de todos los elementos que se han nombrado. Creo que lo básico es la indagación en esa condición humana, en esa condición de soledad. <banano>, hombre o mujer, es un ser solitario, un ser que vive encerrado y que solamente se relaciona de manera virtual, lo cual de por sí, ya revela una patología de solitario empedernido. Es un ser que no crea relaciones de cuerpo real, sino que crea relaciones de cuerpos inventados. Solamente que se estrella ante la propia necesidad de su alma; y su alma necesita un cuerpo real, y no uno inventado. De ahí que finalmente termina desquiciado y desconectándose de ese mundo virtual. Ahora bien, toda literatura también está en sintonía con la cultura de la época, y nuestra cultura es una cultura tecnológica. Entonces, este texto está en sintonía con esa cultura, y si es una novela epistolar, como lo eran las novelas de caballería de antes del siglo XV, o las novelas epistolares que se han dado a través de la historia de la literatura, ésta tenía que utilizar un tipo de comunicación contemporánea, sobre todo porque eso complejizaría la relación de los personajes.

 

A propósito de mi análisis con sus cuentos sobre el asunto homosexual, había formulado que, en especial para el tratamiento del personaje travesti, en sus relatos se pone en juego un ritual de carnavalización, que incluye, sobre todo, los temas de la reversión, el enmascaramiento, la suspensión del tiempo y la transgresión. Considero que esta misma lógica puede usarse para la lectura de Acoso textual. ¿Existe una preferencia por esta resolución del personaje que es creado y después lanzado al mundo de la nocturnidad para que busque lo que no posee y desea, y para que transgreda? ¿Por qué?

 

Tengo una preferencia por los personajes marginales, y los personajes marginales no solamente lo son por condición social, sino por condición existencial. Personajes que están en confrontación permanente con la normatividad social. Personajes que son puestos al margen porque son distintos, porque son el Otro, el diferente. Entonces, aquellos son, en general, personajes solitarios, y requieren de cierto tipo de compasión, no en el sentido peyorativo del término, sino en el sentido de desarrollar frente a ellos, una comprensión de su espectro vital, de su realización personal, de sus dolores y de sus frustraciones. En otras palabras, son personajes que requieren de un lector que se apiade de ellos y que les muestre su solidaridad. Creo que la idea de utilizar a estos personajes es requerir del lector de literatura un tipo de compromiso con el ser humano, un compromiso de solidaridad con el ser humano.

 

Acoso textual sugiere la ambigüedad sexual del protagonista. ¿Se trata de otro acto que deliberadamente busca insistir y acentuar la incertidumbre? ¿O acaso se debe a un afán por repasar el tema de la homosexualidad y su nueva forma de vivirla a la luz de lo tecnológico? ¿Por qué?

 

Lo que plantea Acoso textual es un personaje andrógino y también un personaje que asume máscaras de hombre y máscaras de mujer, con sus particulares características. Creo que la idea de la incertidumbre sobre su definición sexual no tiene que ver con repasar el tema de la homosexualidad, ni tampoco con una forma de vivirla a la luz de la tecnología, sino que tiene que ver con otros temas, es decir, con el desarrollo de la palabra en un mundo de máscaras, o con la necesidad de autenticidad de la palabra en un mundo de máscaras, y con la necesidad de entender que todo fingimiento, en relaciones virtuales, es una suerte de castigo a sí mismo.

 

En este estudio sostengo que lo que Acoso textual propone es el cuestionamiento que hace el personaje, no solo a su identidad, sino también a la realidad; y en este sentido, planteo una lectura paralela con el cuento Las ruinas circulares, de Jorge Luis Borges. ¿Cuál es el cuestionamiento que el autor decidió que su personaje hiciera; se trata de un trabajo sobre la realidad, sobre la identidad, o  una búsqueda de la autenticidad?

 

Me parece que los tres elementos se conjugan. Ésta es una ficción que pone en conflicto la realidad cotidiana frente a la realidad de la virtualidad. Ambas son realidades, pero de distinta naturaleza. Pone en conflicto el problema de la identidad. Finalmente, <banano>, como hombre y como mujer, asume distintas personalidades, distintas máscaras. Y creo que lo que buscaba era simbolizar esa necesidad identitaria, real, en un mundo virtual. Al mismo tiempo, retorna al mismo tema: la búsqueda de autenticidad, pero de la autenticidad de la palabra; porque el valor de la palabra reside en que la palabra debe basarse en la verdad. El protagonista, hacia el final, no soportará que toda su palabra se haya basado en el fingimiento, por eso requiere de una definición.