En el marco del Premio Casa de las Américas 2018, fue presentado el 20 y el 23 de enero, en Cienfuegos y en La Habana, respectivamente, Mística del tabernario, Premio de Poesía “José Lezama Lima 2017, junto con los otros libros premiados en el certamen del año pasado.

Es así que también fueron presentados Tríptico de la infamia, del colombiano Pablo Montoaya, que fuera Premio de Narrativa José María Arguedas, y Cuestiones y horizontes. De la dependencia histórico-estructural a la colonialidad/descolonialidad del poder, del peruano Aníbal Quijano, Premio de Ensayo Ezequiel Martínez Estrada.

La primera edición de Mística del tabernario fue publicada en la Colección Los Torreones, en Ibagué, Colombia, bajo el sello Caza de Libro Editores, dirigido por Pablo Pardo Rodríguez, en asociación con la Agenda Cultural del Gimnasio Moderno, de Bogotá. El jurado de Casa de las Américas que le otorgó el premio “José Lezama Lima”, dijo que el libro de Raúl Vallejo “explora en sus versos una materia proteica que transita cómodamente de la gravedad al humor, atenta lo mismo a los grandes acontecimientos que a los pequeños sucesos de la vida cotidiana.”

Roberto Fernández Retamar, en “Las poéticas de Raúl Vallejo”, da cuenta del diálogo intertextual de este poemario con la obra de Roque Dalton, Taberna y otros lugares, que ganara el premio de poesía de Casa de las Américas en 1969: “Al serle fiel, Raúl Vallejo nos ofrece una obra polifónica: no solo en sus cinco partes, sino también el interior de ella.”

Por su lado, el poeta nadaísta colombiano Jotamario Arbeláez, al comentar la primera parte del libro “Taberna de la cofradía de Chapinero bajo”, dijo que:

En el mismo poema, con otro aliento, se encuentra lo que considero el nódulo humanista de su ars poética:

“Yo sólo quiero una playa para mis pies y un horizonte para mi mirada; quiero una alameda para mis hermanos; árboles que cobijen el paso de miles de cuerpos bellos envueltos en banderas multicolor y abrazos de todos los sexos. Quiero el agua de la paz para los sedientos de verdad y justicia y la tierra para las manos desplazadas que se hundieron en ella. Quiero flores y la brisa fresca para aliviar las heridas y el cielo luminoso para los días del beso y la reconciliación.”

Más bello no canta un gallo en una emisora. Es lo que debe anhelar y exigir un poeta para su gente, con términos rotundos, cantarinos y justicieros. Así se escribían los ardientes manifiestos firmados por todos.

Comienza nuestro poeta plasmando lo que hoy es un clamor unánime entre quienes anhelamos la paz de nuestro país.

Y digo nuestro hablando de él, porque como veremos más adelante Raúl ha asumido como propios nuestro dolor y nuestra esperanza [se refiere a la parte titulada “Cuitas de amor por Colombia”].

Asimismo fueron presentados los libros: Incendiamos las yeguas en la madrugada, del ecuatoriano Ernesto Carrión, premio de Novela;  Este es un disco de vinilo donde hay canciones rusas para escuchar en inglés y viceversa, del cubano Reynaldo García Blanco, premio de Poesía; Lloverá siempre, de la argentina Liliana Villanueva, premio de Literatura Testimonial; Una suave, tierna línea de montañas azules, del cubano Emilio Jorge Rodríguez, Premio de Estudios sobre la Presencia Negra en la América y el Caribe Contemporáneos; América pintoresca y otros relatos ecfrásticos de América Latina, del colombiano Pedro Agudelo Rondón, premio de Ensayo de Tema Histórico-Social; y Cantos lejanos, de la brasileña María Valeria Rezénde, premio de Literatura Brasilera, Novela.

En la foto: Con Basilia Papastamatíu, en el Patio del Sauce, de San Carlos de la Cabaña: Recital póetico, FILHabana; febrero 10, 2017.