Ecuador: Empeños por construir la esperanza

Por Raúl Vallejo
XXVI Reunión de la Conferencia General de la UNESCO

París, Octubre de 1991

En primer lugar, permítame felicitar al señor Presidente por la elección de que ha sido merecedor y que garantiza el éxito de nuestros trabajos. En segundo lugar, agradecer al Director General por su papel dinámico a la cabeza de esta Organización y expresarle que cuenta con el apoyo solidario de Ecuador en los esfuerzos que realiza por lograr la participación plena de todos los países del mundo en la UNESCO.

Existen lugares por donde nunca pasó la mano de un dios. Son muy distantes para nuestros ojos y más distantes aun para nuestros corazones. En ellos, las personas que sueñan, viven y temen a la muerte existen veladamente para el resto del mundo, apenas como una estadística. Para estas personas conceptos como “educación para todos”, “deuda externa”, “quinientos años”, “fin de la historia”, “solidaridad” o “democracia” no les son propios, no les permiten espacios en sus conversaciones de todos los días.

Y sin embargo, el futuro de sus anhelos, las ganas de vivir y la herencia de sus hijos, depende significativamente de los esfuerzos que los gobiernos y las propias comunidades realicemos en la presente década para que “educación para todos” deje de ser una concepción estratégica; “deuda externa”, una bolsa de plomo arrastrada sobre un camino de arena; “quinientos años”, la permanencia de un desencuentro; “fin de la historia” un nuevo pretexto para la dominación; “solidaridad” y “democracia”, enunciados de campañas electorales.

En el barrio La Merced, de Catamayo, un pequeño pueblo situado a 800 kilómetros de la capital de mi país, Ecuador, y al que se llega por un camino de herradura y de verano, después de 22 horas de viaje en carro, encontramos a María, una niña de 14 años que esta en sexto grado de una escuela básica que tiene un solo profesor.

Ella no sabe que los países pobres cargamos con una deuda externa impagable pero a la que tenemos que destinar altos porcentajes de nuestros presupuestos para seguir sobreviviendo en un mundo que lucha por ser cada vez más libre pero que resulta, al mismo tiempo, cada vez más uniformado y unánime, no por efecto de procesos democráticos sino por una coyuntura de poder. No lo sabe pero lo sufre.

María camina 3 kilómetros todos los días por un camino de herradura para llegar a la escuela. En 1989, fue parte de una fiesta; La Merced olía a alverjas con guineo y aguardiente de caña de 60 grados. Esa mañana, cuando María llegó a la escuela y contempló a sus padres y los de sus amiguitos revisando, con el corazón a punto de explotar, unos objetos de papel con figuras de colores, preguntó a qué se debía tanto alboroto. Por primera vez, entonces, supo lo que era tener un libro propio entre las manos.

Aproximadamente cinco siglos atrás —según cuenta la leyenda—, el Padre Valverde, capellán de Francisco Pizarro, en la Plaza de Cajamarca, entregó un libro a Atahualpa, el último gobernante del Tahuantinsuyo. Este se llevó el libro, que era la Biblia, a la oreja y dijo: “No habla”. En seguida lo arrojó y el Padre Valverde acusó a Atahualpa de hereje. Años después, Atahualpa moriría ejecutado a garrote vil.

No olvidamos que el descubridor devino en conquistador, y que el con­quistador devino en colonizador. Quinientos años después no hay que olvidarlo. Pero tampoco hay que refocilarse en el lodo. La riqueza del mestizaje, el desarrollo de la palabra y algunas manifestaciones del espíritu, también nos han hecho a nosotros.

Quinientos años después, los dos millones y medio de indios y los siete millones y medio de mestizos que vivimos en nuestro país, Ecuador, también tenemos que recordar esta parte. Somos hermanos y nos queremos a pesar del Caín. Nuestro esfuerzo por institucionalizar la educación indígena intercultural bilingüe no solo es una meta sino un anhelo moral y político.

María estudia en una de las 350 escuelas del Programa de Atención de la Marginalidad de la Educación Rural, en donde se esta experimentando la propuesta del Currículo Comunitario que permite rescatar una forma natural de organización de la comunidad e identifica participativamente las necesidades básicas del aprendizaje. El olvido no permanecerá en cientos de lugares como éste si llenamos de contenidos concretos las estrategias de “educación para todos”. Creo que los países pobres debemos realizar todos los esfuerzos posibles para concientizar a nuestros dirigentes y acrecentar los presupuesto de educación. Aproximadamente dos millones de textos serán impresos en Ecuador, en los próximos meses, para cubrir las necesidades de niños como María.

El “fin de la historia” no existe para ellos, gente que parecería vivir más bien en el primer día de la creación. Para ellos, en todo caso, ha nacido una esperanza.

¿Cómo se inscriben en la vida de estos niños la Declaración Final de la Conferencia Mundial sobre Educación para Todos? ¿Qué significado tiene para sus esperanzas el Proyecto Principal de Educación para America Latina y el Caribe? Mejorar la calidad de la Educación Básica conlleva para nosotros la formación de la persona del siglo XXI: un ser humano critico, solidario, practicante de la paz y la democracia, que reconozca su identidad cultural y ame a su Patria en el esfuerzo de todos los días por edificar una sociedad más justa. En un mundo en el que se rinde pleitesía a los pragmatismos, la construcción y la defensa de nuestros sueños y utopías, implica una mejor formación para los nuevos actores, en el nuevo escenario pedagógico que queremos construir. La participación de organizaciones no gubernamentales para lograr estos objetivos debe ser fortalecida.

En este marco, resulta un desafío para el futuro de millones de niños como María, la constitución de una pedagogía para la paz, para la democracia, para la solidaridad y para la integración. Esta vocación para la paz ya fue expresada por el presidente del Ecuador, Rodrigo Borja, durante su intervención en las Naciones Unidas el pasado 2 de setiembre. Que los intereses belicistas no puedan asolar con sus cañones y metrallas la alegría de los campos; que las ambiciones totalitarias no intenten imponer los cristales con los que ellas miran la vida; que la costumbre de la soledad no nos impida amar al vecino.

En este proceso, uno de los principales agentes de cambio han sido y son las maestras y maestros, generalmente olvidados cuando los funcionarios, directivos y expertos nos reunimos para redefinir los caminos de la modernización del aparato educativo.

En nuestro país, Ecuador, nos encontramos en un momento esperanzador: mejorar la formación inicial de maestras y maestros, su carrera docente y escalafón, que permiten mejorar sus niveles salariales contribuyendo así a mejorar su calidad de vida. Son objetivos que estamos desarrollando porque maestras y maestros merecen nuestro permanente homenaje.

Todo esto es fundamental para la defensa de los derechos humanos. Por ello queremos, en tiempo de crisis, conseguir que la sociedad en su conjunto, independientemente del signo político del gobierno que esté en el ejercicio del poder, sea capaz de determinados consensos nacionales para la educación que nos permitan construir acuerdos a mediano y largo plazo que posibiliten hacer realidad los postulados de la Educación para Todos. Para ello, en nuestro país convocaremos a finales de este año la Consulta Nacional “Educación Siglo XXI”. Es necesario generar nuevos compromisos, responsabilidades y competencias.

En esta 26 Reunión de la Conferencia General de la UNESCO queremos identificar programas de cooperación que ayuden a fortalecer e instituciona­lizar en nuestros países las acciones educativas que nos encontramos realizando para que María, la gente de su pueblo y de todos los pueblos del mundo por donde nunca pasó la mano de los dioses confíe en sus propios esfuerzos y el de todos los seres humanos empeñados en construir la esperanza.

Señoras, Señores.