El diputado Silvio

Artículos – Periodismo de opinión

Por Raúl Vallejo

“A bordo de esta expedición / va un loco, un albañil, / un nigromante, un ruiseñor / y un beso espadachín. / Nos falta un día, un niño, un don / para sobrevivir”, dice “Expedición”, la canción que da título al más reciente trabajo musical de Silvio Rodríguez, diputado del Parlamento de Cuba. En la canción, la aventura de la historia implica la existencia de una imaginación desbordada, de la racionalidad del constructor, de la magia que procuran los sueños, de la poesía, del amor. En la reciente Asamblea Extraordinaria del Parlamento cubano que perpetuó la condición socialista de Cuba, dijo: “…haciéndome partícula de esta aventura, de esta expedición realista y surrealista que dirigimos y protagonizamos (…) voto por mi Patria Socialista perfectible…” ¿Cómo entendemos en la creación de Silvio, el poeta, y la acción de Silvio, el diputado, la fusión de la estética y la ética?

Parecería que Cuba es una encrucijada en la que habitan: el realismo de los que exigen imposibles, el malecón por donde transitan los sueños rotos, la agónica dignidad de los proscritos, el laberinto sin salida del poder envejecido, la soberbia imperial de los gendarmes del mundo. Frente a la isla, las pasiones se alborotan y los intereses quedan develados. Quienes creemos en los valores democráticos, la libertad de conciencia y la justicia social, intentamos ante Cuba una posición capaz de asumir la situación histórica en su complejidad. Se debe luchar por el levantamiento del bloqueo norteamericano a Cuba y también por la plenitud de la libertad de opinión en la isla. Se debe respetar la libre determinación del pueblo cubano para decidir el modelo de sociedad en la que quiere vivir; y, al mismo tiempo, se debe entender que mientras no se promueva la alternancia en el ejercicio del gobierno, existirá una concentración de poder que impide la realización del espíritu libertario del individuo. Se debe propiciar los diálogos y reencuentros de la diáspora cubana con sus familias en la isla; y, de igual manera, se debe denunciar a esa mafia, vestida con antifaz democrático, que desde Miami sueña con regresar a la Cuba de los tiempos de Batista. Asumo, en todo lo dicho, aquello que canta Silvio en “Resumen de noticias”: “Yo he preferido hablar de cosas imposibles porque de lo posible se sabe demasiado”.

Silvio, el poeta, propone una expedición utópica en donde viajen la poesía, la magia y el amor; Silvio, el diputado, propone una utopía perfectible. La estética de la libertad de creación sin límites; la ética de la libertad posible; y, en la contradicción que las une y las separa, la necesidad de comprender que la agresión imperial abona el árbol esperpéntico de la burocracia autoritaria.

“Compañeros de historia / tomando en cuenta lo implacable / que debe ser la verdad / quisiera preguntar –me urge tanto– / ¿qué debiera decir, qué fronteras debo respetar? / Si alguien roba comida / y después da la vida, ¿qué hacer? / ¿Hasta dónde debemos practicar las verdades?”, interrogaba Silvio, el poeta, en “Playa Girón”. Al asumir en toda su trascendencia la responsabilidad histórica de votar a favor de la perennidad del socialismo para su país, Silvio, el diputado, intenta la plenitud del artista y el ser humano, igual que cuando José Martí escribía: “Verso, o nos condenan juntos, o nos salvamos los dos”. La política poética existe.

Nayón, 05.07.02