En busca de Klingsor: los interrogantes éticos de la ciencia

Artículos – Literatura

Por Raúl Vallejo

La invención de la bomba atómica fue el resultado de una carrera científica, llevado al servicio de la guerra y, por ende, subordinado a la política; ahora sabemos que el triunfador de aquella carrera, fue el triunfador de la guerra. Pero, además, fue el resultado de una competencia entre saberes académicos cuyos protagonistas estuvieron enredados en los hilos de la vanidad, la soberbia y el poder. Desde entonces, la ciencia perdió su aparente neutralidad y se mostró conflictuada, como en cada momento en que está por definirse una estructura de poder basada en el dominio tecnológico.

En busca de Klingsor, de Jorge Volpi (México, 1968), es una novela que amalgama los interrogantes éticos de la ciencia, las veleidades del poder expresadas a través de la guerra, el sentido azaroso de la historia en la definición de los acontecimientos, y la pasión infinita por la palabra literaria, para entregarnos unos personajes redondos —históricos algunos, de ficción otros— acosados por las preguntas fundamentales de su propia vida, una intriga sabiamente construida y magistralmente resuelta, y la narración impecable de las novelas perdurables.

Dos personajes se mueven como alfiles en un tablero de ajedrez. El joven teniente Francis P. Bacon —nombre que de suyo nos lleva desde su aparición a plantearnos interrogantes—, brillante físico, admirador de Einstein, tiene una misión: rendidos los nazis, debe capturar al científico que comandó las investigaciones atómicas del III Reich, cuyo nombre clave es Klingsor, evocación del villano del Cuento del Santo Grial, de Chrétien de Troyes, que gobierna un mundo de apariencias en el que “la belleza es falsa: detrás de ella se oculta la muerte”. En su periplo, el teniente Bacon descubrirá la espantosa incertidumbre que todo lo cubre en nuestros días.

El otro personaje es el matemático Gustav Links, quien, desde su encierro en un sanatorio de la antigua Alemania comunista, arma el engranaje de la novela en tanto narrador: “Me propongo contar, pues, la trama del siglo. De mi siglo. Mi versión sobre cómo el azar ha gobernado al mundo y sobre cómo los hombres de ciencia tratamos en vano de domesticar su furia”. Links representa la derrota del ser humano ante la avalancha caótica del poder enfurecido.

A través de la cercanía y distancia humanas ente estos dos personajes pasan las claves de la novela: las disquisiciones sobre la física y la cuestión atómica, la incertidumbre del ser que vive una historia donde el azar tiene papel protagónico, el efecto público de lo privado; todo en un mundo en el que “la ciencia había empezado a ser lo suficientemente ambigua como para que cada uno la interpretase a su antojo”.

Y, aunque sabemos lo relativo que es un premio literario para la historia de la literatura, En busca de Klingsor, de Jorge Volpi, tiene el mérito adicional de haber ganado el Premio Biblioteca Breve 1999. Dicho premio, cuya primera etapa se sitúa entre 1958 y 1972, tiene, entre otros ilustres antecesores, a La ciudad y los perros, de Mario Vargas Llosa, 1962; Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, 1964; Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé, 1965; Cambio de piel, de Carlos Fuentes, 1967; y Una meditación, de Juan Benet, 1969.

Muchas razones, pues, para leer esta novela escrita con lenguaje deslumbrantemente exacto y armada en su entramado con la paciencia de un orfebre medieval.