Después del holocausto

Artículos – Educación

Por Raúl Vallejo
Nayón, 05.05.05

¿Es posible teología alguna después de la existencia de los campos de concentración cuyo emblema vergonzoso es Auschwitz – Birkenau? ¿Nos bastará únicamente con cumplir las prohibiciones de la ley mosaica para considerarnos justos? ¿Reconstruiremos la esencia de una humanidad que fue capaz de organizar el exterminio de seis millones de judíos y de cientos de miles de seres considerados indeseable por ser gitanos, homosexuales o testigos de Jehová? ¿Por qué educar a las nuevas generaciones para la convivencia armónica en el futuro sin que se pierda la memoria del horror? La memoria, después del Holocausto, es nuestra protección para que nunca más el fascismo azote a la humanidad.

El 27 del mes de Nizán del calendario hebreo –que en este año correspondió al 6 de mayo– se conmemora la insurrección del ghetto de Varsovia, ocurrida en 1943. El nombre de su líder, Mordejai Anielewicz, y la memoria de los combatientes que junto a él murieron, perviven como un ejemplo de la resistencia en medio de la aniquilación de la condición humana. Es el día en que el Estado de Israel recuerda el Holocausto y al que denomina Yom Hashoá. Esta conmemoración en el 2005 es especial pues el 27 de enero se cumplieron 60 años de la liberación de los prisioneros del campo de extermino de Auschwitz – Birkenau por parte de las tropas soviéticas.

En “Si esto es un hombre”, Primo Levi describe, desde su propia experiencia, de qué manera en los campos de concentración la condición humana fue reducida a su pura animalidad. Lo indecible, más allá de la inexorable eliminación física, fue el aniquilamiento del espíritu de la gente. Su testimonio dice que en el campo de concentración se vivía la ausencia de solidaridad y la dureza de la arbitrariedad como si no existiesen ni criminales ni locos: “no hay criminales porque no hay una ley moral que infringir; no hay locos porque estamos programados y toda acción nuestra es, en cuanto tiempo y lugar, sensiblemente la única posible”. Este testimonio nos obliga a derrotar la mezquindad de nuestros espíritus si pretendemos ser justos.

Según Emanuel Levinas, después del Holocausto, ya no le alcanza al ser humano con “no hacer el mal”. Es indispensable que cada persona tome responsabilidad por el Otro que es, según el lenguaje bíblico, el extranjero, la viuda y el huérfano. Es más, resulta necesario que para ser consecuente debemos asumir la responsabilidad, inclusive, por la responsabilidad del Otro. Así entendida, la ética se convierte en un imperativo infinito cuyo único límite es la presencia de un tercero. Entonces es cuando emerge el concepto de justicia. La existencia de más seres humanos limita nuestra acción hacia el Otro puesto que tenemos ser responsables por diversos Otros también.

El viernes 6, estudiantes del colegio Alemán y del colegio Einstein, en la Capilla del Hombre, en un hecho inédito en el país, conmemoraron de manera conjunta el Día del Holocausto, bajo la idea de que hay que mirar hacia el futuro de paz sin perder la memoria de lo que sucedió en el pasado de guerra. Después del Holocausto, los seres humanos tenemos la obligación de recordar la miseria espiritual a la que podemos llegar para que ésta no nos alcance; tenemos la tarea de entregar a nuestros hijos un mundo mejor que el que hemos recibido de nuestros padres y el imperativo ético de educar y educarnos en la cultura de la paz.